Hace unos tres años dejé mi trabajo en IOMED. Y hace unos meses, visitando la empresa y paseando por el recinto modernista con un amigo (y ex-compañero de trabajo) que me preguntó: ¿Qué has hecho estos tres años? No sé qué contesté, recuerdo sentirme algo bloqueado y no quedarme satisfecho con la respuesta. Tampoco puedo saber qué había en su mente al hacer esa pregunta, pero la sensación que me transmitió su tono fue más bien de ¿qué cojones has hecho estos años? Y de juicio por no haber estado haciendo algo productivo o de ayuda. Ojo, esa fue mi sensación y quizás mi amigo no iba por ahi en absoluto.
Pero hoy me apetece contestar a esa pregunta, porque poca gente decide dejar de trabajar durante tres años y porque me apetece contestar con claridad: ¿qué coño ha pasado en estos tres años? ¿Cómo es no trabajar durante tres años?
Empezaré por lo difícil: hay veces que me duele verme con un privilegio que otros no tienen, cuando veo amistades cuya vida tiene muy poco tiempo libre y está tan condicionada por trabajar cada día, volver a casa cansadas y sin energía para mucho más. Cuando veo que hay muchos planes que no pueden hacer. O cuando veo que incluso si quisieran cambiar de carrera, no pueden permitirse parar de trabajar un tiempo para descansar, para formarse o para atender otras areas de la vida. Ahí siento mi privilegio y a veces me escuece que yo pueda permitirme esto y otros no. Y a eso se suma que, como casi todo el mundo, he sido educado aprendiendo que el trabajo nos define y determina nuestro valor. Así que cuando no estás trabajando, ¿quién eres? ¿qué vales? Y presentarte a nuevas personas se empieza a volver incómodo… «¿Y a qué te dedicas?» «No, no estoy trabajando». A veces hago un esfuerzo consciente por no intentar vender la moto («bueno, algunas épocas trabajo en programación y estoy traduciendo un libro y blablabla») y en lugar de eso digo «ahora mismo no estoy trabajando, me dedico a tocarme la barriga y descansar». Porque creo que eso es válido y que todo el mundo se merece poder hacerlo. Por épocas también ha sido difícil sostener la falta de ingresos y ver los ahorros descender y sentir que debería estar aprovechando para «asegurar el futuro» en lugar de gastar mis ahorros.
¿Y qué he hecho estos tres años? ¿Qué ha pasado? Creo que una manera de resumirlo es que hoy me moriría muchísimo más a gusto con mi vida que hace tres años. Hoy tengo más sensibilidad de mi cuerpo y de mis emociones, más conexión con los demás y relaciones más sanas, más aprecio de la belleza y gratitud por la vida que hace tres años. Son cosas que he podido nutrir con el descanso, con la naturaleza, la terapia, la danza, la meditación, los psicodélicos, etc. También estoy mucho más cómodo (aunque aún me cuesta) con no hacer nada o, al menos, con hacer menos. ¡Y creo que eso es profundamente sano y útil! ¿Hay mejor inversión que invertir en sentirte bien, sin más, de forma incondicionada, sin tener que hacer nada para sentirte bien?
En estos tres años he tenido las conexiones más profundas de mi vida con otras personas. He conocido formas de vivir totalmente distintas de lo que conocía, empezando por personas que viven en el campo, pasando por quienes viven con muy poco dinero, quienes se organizan para vivir juntos en comunidad e incluso monjes y monjas. En ocasiones he sentido tanta belleza que he sentido que podía morirme en paz. He sentido esa belleza no viajando a Tailandia o Australia sino aquí, al lado de casa, paseando junto a un bosque o un río. He podido estar tres meses de retiro en Plum Village, donde de repente mi cuerpo empezó a sentir sensaciones de bienestar y placer que no había sentido en mi vida, simplemente por descansar, reposar, estar en calma rodeado de gente tranquila… Y he podido estar tres meses de retiro de silencio en Gaia House, explorando una rama de la meditación y el budismo que es, quizás, lo que más me apasiona en la vida. He conocido estados de consciencia que antes me eran completamente desconocidos y que han cambiado mi percepción de la vida y de lo que significa «estar vivo» o «ser humano», tanto a través de la meditación como de los psicodélicos. ¡He bailado muchísimo! En ecstatic dance y en contact improvisación. He ido a talleres/encuentros/retiros de sexualidad y ha cambiado/expandido mi manera de vivir la sexualidad. Estoy pudiendo visitar a una comunidad de gente cercana, conocerles, ver cómo se organizan, aprender sobre construcción… También viví en Francia unos meses, compartiendo una casa junto al monasterio de Plum Village y fue la primera vez que he vivido «en el extranjero». En Asturias me he mudado a vivir en un pueblecito y he disfrutado pasando horas caminando por la montaña, conociendo el entorno y a los vecinos y disfrutando la lentitud que se vive fuera de la ciudad y del trabajo.
No he viajado a ningún sitio exótico. Estoy enfadado con viajar. Y con el turismo. Creo que es una de las fuerzas que están destruyendo nuestro mundo, nuestras ciudades y nuestras comunidades. Y a la vez entiendo que si uno se pasa la vida trabajando, cuando tiene tiempo necesita largarse lejos. Siento muchas más ganas de pararme y explorar el lugar donde vivo y conocerlo más profundamente. Creo que en la vida puedo ir hacia la extensión (viajar lejos, conocer mucha gente) o hacia la profundidad (conocer más y mejor lo que hay aquí o conectar más profundamente con personas que ya están); y últimamente creo que la profundidad me trae mucha más satisfacción.
Así que… supongo que eso y muchas otras cosas son lo que ha pasado en estos tres años. Pero creo que si la única respuesta hubiera sido «descansar», sería suficiente. Si me arrepiento de algo, quizás, es de haber hecho (y seguir haciendo) demasiadas cosas.